martes, 7 de diciembre de 2010

Las funciones económicas del Estado

Inicialmente el pensamiento económico Clásico propiciaba la “no intervención” estatal en las actividades económicas, apoyados en dos principios rectores de sus teorías:
a) La economía por sí sola tiende al equilibrio;
b) Este equilibrio surge naturalmente, producto del normal funcionamiento del mercado, sin que sea necesaria intervención alguna por parte del gobierno, ya que la misma resultaría perjudicial al retardar o alejar los efectos deseados.
Basados en sus teorías atribuyen al Estado únicamente las funciones de: Defensa, Seguridad, Justicia, Educación y Salud. Más adelante la Escuela Neoclásica, edificada sobre los principios de los Clásicos, admite la existencia de problemas en la economía, cuya solución podría ser acelerada mediante la intervención del Estado.

Entre otros podemos mencionar:
- Fallas del mercado: suceden cuando su estructura no se encuentra debidamente conformada, por ejemplo cuando se detecta en el mismo la presencia de oligopolios y monopolios;
- Existencia de bienes públicos: su prestación estaría destinada al conjunto de la sociedad, sin poder determinar el beneficiario directo y sin poder excluir a ningún individuo; por ejemplo: la justicia, la defensa, etc.
- Existencia de externalidades: son los costos o beneficios externos asociados a las funciones de producción de un individuo o un productor. Las mismas pueden ser

a) positivas (economías externas): es el caso, por ejemplo, de una actividad que realice un empresario beneficiando al resto de la comunidad o a parte de ella; o

b) negativas (deseconomías externas): el ejemplo más común corresponde a los casos de contaminación ambiental por parte de las fábricas que causan perjuicio a la población en su conjunto.


Alrededor de la década del ´30, como consecuencia de la crisis económica en los países con economías desarrolladas y de la desocupación existente, John M. Keynes elabora una nueva teoría que, sin contradecir en su totalidad a la visión neoclásica (acepta la existencia de equilibrio en la economía en el largo plazo, sin que sea necesaria la intervención estatal) propone la participación del Estado en cuestiones que, en el corto plazo, provoquen perjuicios no deseables que el gobierno podría solucionar rápida y eficazmente.
a) A través del libre juego del mercado, la distribución del ingreso puede resultar inequitativa e injusta;
b) No existe en el corto plazo pleno empleo, debiéndose generar un alto o aceptable nivel de empleo de recursos productivos y tasa de crecimiento.
A diferencia de estas tres visiones, que sostienen la defensa del sistema capitalista (si bien con distintos matices), adecuándolo a las distintas etapas de su desarrollo, surge un pensamiento contrapuesto: las economías centralmente planificadas.
En ellas el Estado es el propietario y administrador de la totalidad de los medios de producción a fin de lograr una distribución del ingreso justa y equitativa. Para éstas teorías la “intervención estatal” es regla y no excepción.